¿Todos los “lunares” son lo mismo?

No. Las lesiones que un paciente describe como “lunar” pueden parecerse entre sí y, sin embargo, corresponder a tipos distintos de lesiones cutáneas.

Un nevus melanocítico, un nevus intradérmico elevado, un acrocordón o una queratosis seborreica pueden tener un aspecto parecido para el paciente. No poseen la misma estructura y, por tanto, no tienen por qué retirarse con el mismo método.

Esta distinción no sirve únicamente para poner nombre a la lesión. Algunas lesiones pueden tratarse de forma superficial, mientras que en otras es necesario conservar el tejido extraído para examinarlo al microscopio.

Por ello, “quitar un lunar” no describe un único procedimiento.

¿Qué diferencia hay entre destruir una lesión y extirparla como tejido?

La diferencia principal es si después del procedimiento queda una muestra que pueda ser examinada.

En una ablación, el tejido objetivo se destruye de forma controlada. Puede no quedar una muestra íntegra que pueda enviarse para estudio histopatológico.

Cuando una lesión se retira físicamente, se obtiene todo o parte del tejido como muestra y puede examinarse al microscopio cuando sea necesario.

Ambos procedimientos pueden hacer que la lesión deje de verse externamente, pero no proporcionan la misma información diagnóstica. 12

¿Puede un mismo dispositivo hacer dos trabajos diferentes?

Sí. Tanto el láser CO₂ como la radiofrecuencia pueden utilizarse para destruir tejido superficial mediante ablación o para cortar tejido, según la técnica empleada. Por eso, el nombre del dispositivo no describe por sí solo qué procedimiento se ha realizado. 12

Una lesión superficial puede tratarse mediante ablación con radiofrecuencia. Cuando la radiofrecuencia se utiliza como instrumento de corte, la lesión se separa físicamente; este uso también se denomina RF cutting o radiocirugía. 1

Por ejemplo, cortar un acrocordón de base estrecha con radiofrecuencia no es lo mismo que realizar una ablación de una lesión superficial con el mismo dispositivo. Aunque el aparato sea el mismo, el tejido disponible después del procedimiento puede ser diferente.

El láser CO₂ tampoco se utiliza únicamente para ablación; con una técnica adecuada puede utilizarse como instrumento de corte. 2

Retirar físicamente el tejido no garantiza que todas las muestras tengan la misma calidad para el análisis. El efecto térmico puede dificultar la valoración microscópica de los bordes, por lo que la técnica cobra especial importancia cuando es necesario interpretar los márgenes quirúrgicos. 3

¿Cómo influyen las características de la lesión en la elección del método?

La pigmentación, la superficie, el relieve, la profundidad, los bordes y la localización anatómica pueden cambiar la elección del método.

Una lesión superficial de base estrecha y un nevus que se extiende a mayor profundidad en la piel no se tratan de la misma manera. En una lesión pigmentada con incertidumbre diagnóstica, conservar el tejido puede adquirir mayor importancia. 7

La localización anatómica también modifica las consecuencias del tratamiento. En la cara, la nariz, los párpados, los labios o las orejas, incluso un pequeño defecto puede influir en el aspecto de la cicatriz o del contorno.

Por ello, la respuesta a “¿se puede quitar con láser?” o “¿se puede quitar con radiofrecuencia?” no depende únicamente de que el dispositivo sea técnicamente capaz de eliminar la lesión. Importan tanto las características de la lesión como el resultado que se necesita obtener del procedimiento.

¿Por qué cambia el método si hace falta anatomía patológica?

Si el tejido debe examinarse al microscopio, un procedimiento que destruya por completo la lesión también puede destruir información necesaria para el diagnóstico. 567

El estudio histopatológico puede establecer el tipo real de lesión y sus características celulares y, en determinadas situaciones, ayudar a valorar los bordes del tejido extirpado. 567

Por tanto, la anatomía patológica no es simplemente un trámite que se decide después del tratamiento. La posibilidad de necesitar una muestra puede modificar desde el principio qué métodos resultan adecuados.

Cuando existe incertidumbre diagnóstica o es importante valorar los márgenes quirúrgicos, se necesita un método que conserve tejido. En determinadas lesiones superficiales de aspecto clínico típico en las que no se necesita una muestra, la ablación puede ser una de las opciones.

No existe una única regla según la cual todos los lunares deban, o no deban, enviarse a anatomía patológica. La decisión depende de la lesión y de la información diagnóstica necesaria.

¿Queda cicatriz al quitar un lunar o un acrocordón?

Todo procedimiento realizado sobre la piel crea una zona de cicatrización, pero la visibilidad final depende del método, la profundidad del tratamiento, la localización anatómica y la respuesta individual de cicatrización.

Tras una ablación superficial puede haber enrojecimiento, cambios de pigmentación o una diferencia en la textura de la superficie en lugar de una incisión lineal. El aspecto depende de la profundidad y de la forma de cicatrizar de cada persona.

La extirpación quirúrgica suele producir una cicatriz lineal. A cambio, la lesión puede obtenerse como tejido y enviarse para estudio histopatológico cuando sea necesario.

Por eso no basta con elegir el método preguntando únicamente “¿cuál deja menos cicatriz?”. La pregunta más útil es qué tipo de cicatrización resulta aceptable sin perder el tratamiento ni la información diagnóstica que requiere esa lesión.

¿Deben tratarse varios lunares o acrocordones con el mismo método?

No. Tener muchas lesiones no significa que todas correspondan al mismo tipo.

Entre varios acrocordones o lesiones elevadas de aspecto similar puede existir una lesión con distinta pigmentación, superficie o estructura que requiera una valoración independiente.

Por ello, no es adecuado asignar de antemano todas las lesiones a un único dispositivo o método.

¿Qué significa que una lesión vuelva a aparecer?

Que una lesión vuelva a verse no siempre significa que exista una verdadera recidiva. El tejido residual del procedimiento anterior o cambios en la zona tratada pueden producir un aspecto parecido. 4

Por ejemplo, si un nevus melanocítico se elimina de forma superficial e incompleta, las células névicas que permanecen en profundidad pueden producir de nuevo pigmentación o relieve con el tiempo. Este patrón se conoce como nevus recurrente. 4

Cuando aparece de nuevo pigmentación o una elevación en una zona previamente tratada, resulta importante saber qué método se utilizó y revisar, si existe, el resultado anatomopatológico anterior.

En lugar de repetir automáticamente el mismo tratamiento, primero debe aclararse qué representa el nuevo tejido.

¿Cuándo deja de ser una simple “eliminación de lunares”?

Un cambio evidente, sangrado repetido, ulceración, pigmentación inusual o incertidumbre diagnóstica hacen que establecer el diagnóstico tenga prioridad sobre elegir directamente un método de eliminación estética. 567

Estos hallazgos no significan por sí solos que exista un cáncer de piel. Cambian la prioridad desde una eliminación estética sencilla hacia una valoración diagnóstica.

El carcinoma basocelular, el carcinoma cutáneo de células escamosas o el melanoma pueden ser descritos inicialmente por un paciente como un “lunar”, una “herida” o una lesión que forma costra repetidamente.

En esta situación adquieren importancia la conservación del tejido, unos márgenes quirúrgicos apropiados y, cuando corresponde, una valoración oncológica adicional. Un procedimiento que simplemente destruya el tejido puede reducir la información necesaria posteriormente. 567

Principio básico para elegir el método

El método adecuado para una lesión cutánea depende de qué es la lesión, de si es necesario conservar el tejido y de la forma esperada de cicatrización, no simplemente del nombre del dispositivo.

La ablación y la retirada física del tejido cumplen funciones diferentes. El hecho de utilizar láser CO₂ o radiofrecuencia tampoco indica por sí solo si el procedimiento ha sido ablativo o si se ha obtenido tejido.

Referencias

  1. Kaur RR, Glick JB, Siegel D. Achieving hemostasis in dermatology – Part 1. Indian Dermatology Online Journal. 2013;4(2):71–81. DOI: 10.4103/2229-5178.110575.
  2. Madan V. Dermatological Applications of Carbon Dioxide Laser. Journal of Cutaneous and Aesthetic Surgery. 2013;6(4):175–177. DOI: 10.4103/0974-2077.123393.
  3. Turner RJ, Cohen RA, Voet RL, Stephens SR, Weinstein SA. Analysis of tissue margins of cone biopsy specimens obtained with “cold knife,” CO2 and Nd:YAG lasers and a radiofrequency surgical unit. Journal of Reproductive Medicine. 1992;37(7):607–610.
  4. Okada MAMU, Heck R, Bakos RM. Histological and immunohistochemical findings in recurrent nevi. Anais Brasileiros de Dermatologia. 2025;100(6). DOI: 10.1016/j.abd.2025.501241.
  5. Peris K, et al. European consensus-based interdisciplinary guideline for diagnosis and treatment of basal cell carcinoma—update 2023. European Journal of Cancer. 2023;192:113254. DOI: 10.1016/j.ejca.2023.113254.
  6. Stratigos AJ, et al. European consensus-based interdisciplinary guideline for invasive cutaneous squamous cell carcinoma: Part 2. Treatment—update 2026. European Journal of Cancer. 2026;243:116764. DOI: 10.1016/j.ejca.2026.116764.
  7. Amaral T, et al. Cutaneous melanoma: ESMO Clinical Practice Guideline for diagnosis, treatment and follow-up. Annals of Oncology. 2025;36(1):10–30. DOI: 10.1016/j.annonc.2024.11.006.